Humedales

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La huella humana en los humedales

El desarrollo económico de la cuenca amazónica en las últimas décadas ha permitido la creación de numerosos humedales artificiales. La tendencia es que éstos sigan aumentando rápidamente, dada la construcción de proyectos de infraestructura de gran escala, como las carreteras o represas. Sin embargo, se conoce que antes de la colonización europea los indígenas también modificaron las extensiones de los humedales, especialmente los de las llanuras de inundación, aunque aún no se sabe claramente la forma cómo que lo hicieron. Los estudios parecen mostrar que lo que ahora son las sabanas amazónicas, tales como la de los Llanos de Mojos, en Bolivia, y las de la Isla Marajó en Brasil, fueron modificadas por los indígenas, a través de una combinación de uso del fuego, y la creación de plataformas elevadas de cultivo, canales y rompeolas. La Convención Ramsar identifica los siguientes tipos de humedales artificiales: estanques de acuicultura, estanques artificiales, tierras de regadío, tierras de inundación estacional, áreas de almacenamiento de agua, excavaciones, áreas de tratamiento de aguas residuales, y canales de transporte y de drenaje.

La acuicultura se expandió rápidamente en la cuenca amazónica desde principios de la década de 1990, generando la comercialización de muchas especies de peces nativos, como la gamitana y el sábalo, principalmente en los mercados locales de Brasil. La mayor parte de la acuicultura se está desarrollando en áreas secas, como en la sabana de Roraima, pero también en Rondônia y cerca de Manaos. Asimismo, la acuicultura se está expandiendo en las áreas bajas de los países andinos. Para ello, se pueden represar pequeños arroyos para dividirlos en estanques, o excavar los ojos de agua que se encuentran en las zonas planas de las áreas más altas. En la medida en que cada vez son más escasos los peces en los ríos y las pesquerías en las llanuras de inundación, se prevé que los humedales para la acuicultura seguirán incrementándose.

En la Amazonía, los pequeños estanques son comunes en las zonas en donde hay agricultura y ganadería, especialmente cerca de las carreteras y caminos. Sin embargo, hay poca información sobre ellos, y generalmente no son identificados, por su tamaño, a través de las imágenes satelitales. Los estanques para el ganado también son comunes en las áreas secas de los Andes.

Los proyectos de irrigación experimentales y de avanzada están bastante bien encaminados tanto en las zonas secas de la cuenca amazónica, como en Roraima y el este de Bolivia, y en las áreas húmedas cerca de los Andes, en Perú, Ecuador y Colombia. En las áreas más húmedas, el arroz es el principal cultivo de irrigación, mientras que la soya y otros cultivos distintos están siendo cultivados en áreas más secas. Considerando las previsiones de posibles sequías a futuro, y la expansión anticipada de las áreas en donde se cultiva arroz, se presume que las tierras irrigadas de la cuenca amazónica se incrementarán considerablemente en las siguientes décadas.

Las tierras agrícolas de inundación estacional son anegadas por el flujo de los ríos o arroyos adyacentes, o simplemente por agua de lluvia. En los Andes, esta inundación puede darse también a partir del manejo o pastoreo intensivo de pasturas o praderas húmedas. Muchas de las áreas de sabana estacionalmente inundadas en la Amazonía están hoy en día ampliamente manejadas para la ganadería, tales como las de la isla Marajó y algunas áreas de las llanuras de inundación del río Amazonas, en donde el ganado vacuno y los búfalos de agua pastan, inclusive durante las épocas de inundación. En muchas de estas áreas se han introducido pastos, la mayoría de origen africano. Los campos de arroz cerca de los Andes son inundados por la precipitación local, aunque algunos de ellos también son regados mediante el desvío de arroyos.

Las áreas de almacenamiento de agua las constituyen principalmente las represas de embalse. Todas las grandes represas de la Amazonía se utilizan principalmente para la generación de energía hidroeléctrica, aunque también existen algunas pequeñas en las regiones de Cerrado y las sabanas que son utilizadas localmente para la irrigación. En las áreas secas de los Andes también están siendo construidas represas pequeñas para apoyar una expansión más rápida de los sectores agrícolas. La primera represa relativamente grande construida en la cuenca amazónica data de 1972, sobre el río Araguari, en el estado de Amapá. Los reservorios de agua de las represas de Tucuruí (1986), sobre el río Tocantins, y de Balbina (1989), sobre el río Uatumã, cerca de Manaos, tienen aproximadamente 2,400 km2 cada uno, y están entre los más grandes reservorios del mundo. Los reservorios de agua de otras represas en la Amazonía tienen un área menor a los 600 km2. Por ejemplo, las represas de Santo Antonio y Jirau, sobre el río Madeira, que empezaron a funcionar en el 2011, tienen reservorios de menos de 350 km2, y fueron las primeras represas tipo “centrales a hilo de agua” en la Amazonía, buscando generar energía a partir de la corriente del agua del río sin que ésta tenga que represarse en su totalidad. Además de las grandes represas mencionadas, existen actualmente miles de pequeñas presas utilizadas para almacenamiento de agua, cuya cantidad se espera que aumente exponencialmente considerando los pronósticos de que a futuro habrá condiciones más secas en la Amazonía.

Las excavaciones en la cuenca amazónica hoy también son más extensas, principalmente en donde hay o ha habido minería aurífera, la mayor parte de ella, quizás ilegal. Especialmente destacables son las zonas de extracción de oro en la región de las estribaciones de la cuenca del río Madre de Dios, en Perú, algunas de las cuales ahora parecen paisajes lunares con numerosos hoyos, a menudo llenos de agua, sobre todo durante la temporada de lluvias. Otros tipos de minería, como las de bauxita y hierro, generan la creación de algunos pequeños pozos de agua. Asimismo, cerca de las áreas urbanas se encuentran pozos que se llenan de agua durante la temporada de lluvias ahí donde la arcilla ha sido extraída para elaborar ladrillos. El impacto de la minería en los humedales amazónicos, en general, aún requiere ser estudiado.

En las áreas de tratamiento de aguas residuales se encuentran plantas depuradoras, estanques de sedimentación, y lagunas de oxidación. El manejo de aguas residuales domésticas e industriales en la Amazonía ha sido pobremente reportado, y muchas ciudades y pueblos descargan residuos, sin ningún tipo de tratamiento, directamente hacia ríos y arroyos. Como consecuencia de estas prácticas algunos de estos cuerpos de agua llegan a estar tan contaminados que pueden ser considerados áreas informales de deshecho y tratamiento de residuos. También es común la presencia de lagunas o pozos de relave en áreas de la Amazonía en donde la actividad minera está fuertemente expandida, como en la cuenca del río Mantaro, en Perú, en la zona más occidental y elevada de la cuenca Ucayali y a casi 150 km del Pacífico. Asimismo, el complejo de procesamiento de bauxita, sobre la isla Bacarena, cerca de Belém (Pará, Brasil), requiere de estanques de sedimentación, pero éstos parecen estar lo suficientemente controlados.

Finalmente, los canales han sido construidos para fines de transporte, irrigación o drenaje. Existen pocos canales de tamaño considerable en la Amazonía. El más notable es el Canal de la Tortuga, sobre la isla Marajó, construido en la década de 1950 para el transporte al interior de la isla y también para facilitar el drenaje de las sabanas donde el ganado pasta. La propuesta de un sistema para la navegación al interior de la Amazonia, generalmente llamados Hidrovias, incluirían la profundización y canalización del río principal, así como la conexión entre los cauces. Las hidrovías también pueden contar con esclusas, especialmente donde se han construido represas. La represa de Tucuruí, por ejemplo, sobre el río Tocantins, cuenta con dos esclusas para facilitar el paso de las barcas para el transporte de soya y minerales.